CHAMPETA
«No soy artista de champeta, soy cantante de música cartagenera». Lo dijo Luister La Voz en una entrevista con Dímelo King el 16 de octubre, y pidió explícitamente que no lo incluyan cuando se hable del género.
No es la primera vez. En febrero, hablando con Billboard Colombia, lo había puesto en términos más duros: llamar champeta a lo que él hace sería una falta de respeto con quienes sí la hacen. Prefiere la palabra fusión.
La posición incomoda, y por eso vale la pena tomársela en serio en vez de leerla como un desmarque. Luister es del barrio La María —le puso el nombre a una de sus canciones— y su música está construida con la melodía romántica y la percusión del Caribe cartagenero. Lo que está diciendo no es que la champeta le quede chica, sino que el término se volvió una etiqueta comercial que ya no describe lo que suena.
Es un debate viejo en Cartagena y es el mismo que atravesó al rap colombiano en los noventa, cuando a todo lo que tuviera un sampler le decían hip hop. La diferencia es que esta discusión llega justo cuando la champeta acaba de ser declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación: el reconocimiento le da peso institucional a una palabra sobre la que los propios artistas no se ponen de acuerdo.
Mientras tanto los números le dan la razón a su momento. Entró al Billboard Colombia Hot 100, está nominado a los HEAT Latin Music Awards 2026 como mejor artista de la Región Andina, y tiene pendientes de salir colaboraciones con Ryan Castro y Piso 21. Sus temas conocidos —«Las Cartas», «Ozono», «El Capataz»— llevan años sonando en los picós sin que nadie le pidiera que definiera el género.
El 14 de noviembre se presenta en las Fiestas de Independencia de Cartagena, en un cartel donde también está Hamilton.
Con información de El Universal y Billboard Colombia.



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